Todos los pueblos para mí son importantes


Ríos de pasión y fuego.
Gregorio Fernández Castañón. Ilustraciones de Alejandro Cartujo. Impresión Punto y Seguido, León, 2009. 220 pp.

Todos –“añade Gregorio Fernández Castañón– forman parte de mi carne y son diana de mis buenos deseos! A continuación (a lo largo de cuatro páginas y media, de tipografía diminuta) figura la relación de todas las poblaciones leonesas, cerrando «León bien merece un guiño cómplice», epílogo de la obra. Se cierra así la trilogía leonesa, integrada por El León de mi tejado (1999), Sangre de roble (2004) y Ríos de pasión y fuego (2009). Como en las obras anteriores, resaltan de forma muy especial dos aspectos: un encendido amor por las tierras leonesas y una entrega sin límites a la exquisitez editorial. Es casi imposible descubrir en estos tiempos (abrumados por la urgencia y la obsesión por el éxito inmediato) una obra elaborada con semejante pulcritud tipográfica. Ello explica que la trayectoria del editor leonés haya sido merecedora de galardones diversos y objeto de coleccionistas.
Como en experiencias bibliográficas anteriores, Gregorio Fernández Castañón trata de armonizar una edición minuciosamente cuidada con la exaltación de los valores de estas tierras leonesas, conocidas en su constante caminar por sus paisajes. Es por ello por lo que la constante referencia a sus ríos se presenta en apasionados párrafos literarios, mostrando aspectos diversos de las comarcas leonesas. Todo lo leonés tiene cabida en estas páginas. Tanto paisajes o celebraciones determinadas como obras literarias o descubrimientos históricos que han marcado un hito en la recuperación de la historia leonesa. Es el caso por ejemplo, de «El bronce de Bembibre» o «Nodizia de kesos», el documento lingüístico leonés por excelencia. Pero el afán del autor no persigue exclusivamente aspectos trascendentales o de aristocracia cultural; lo humilde recibe parecidas atenciones. Junto a egregios acontecimiento o paisajes majestuosos, la bellísima canción «A coger el trébole» o la noche de luna llena generan en el escritor parecidas sensaciones de plenitud o panteísmo. Paradigmático de esta variada atención hacia lo leonés humilde resulta el capítulo «Silbato de cañas». La detallada evocación del Panteón de los Reyes isidoriano, con excelentes reproducciones pictóricas de los meses, culmina en una recreación del «silbato de cañas o chiflo», elaborado en otros tiempos a punta de navaja en una rama de salguero, mientras se entonaba una cancioncilla popular.
Historia e intrahistoria le sirven a Gregorio Fernández Castañón para mostrar su pasión leonesa y recuperar su esencia en los ámbitos y escenarios más desconocidos y sorprendentes. Es el milagro de los ojos del amor en su mirada de la esencia leonesa.
NICOLÁS MIÑAMBRES

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