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Un Bestiario de Alfranca

 PRÓLOGO

Hizo Dios las bestias salvajes de la tierra según sus especies, y los animales domésticos, y todo reptil terrestre según su especie. Y vio Dios que lo hecho era bueno”(Génesis, 1:25).
Desde entonces, hasta nuestros días, mucho se ha hablado y escrito sobre los animales que pululan alrededor del hombre, ese animal a veces no tan racional como se le supone por derecho. Las propuestas que ofrece “Un bestiario de Alfranca” son básicamente literarias. Su autor, José Luis Puerto, recibe la inspiración a través de la memoria, sin olvidar que, con anterioridad, bebió en las fuentes de una selecta y grata observación. Y eso es bueno, muy bueno, porque el resultado que llega al lector se encuentra muy cercano a los sentimientos. Y a la sorpresa (en la piel de un niño). Y a la grandeza (que sólo se capta con los ojos de los sentidos).
Por supuesto que dentro de este libro no están todos los animales existentes en el reino de Dios. No, porque para ello sería necesario construir una nueva arca de Noé. Lo cierto es que los animales que Puerto ha decidido “enjaular” en las páginas de esta obra son aquellos que, de una u otra forma, más le han emocionado a lo largo de su vida (de niño a adulto). Así, no se olvida de atrapar el rumor de lo pequeño como si se tratara de un juego (a veces lo es ciertamente), ni se olvida de mostrar una selección de determinados animales alados, mamíferos, anfibios y reptiles. Tampoco se olvida de narrar el ángulo más amargo por el que han de atravesar algunos de ellos: su sacrificio para convertirse en necesario alimento. “El carnicero hace de la crueldad costumbre” –escribe en este apartado.
Como colofón, José Luis Puerto propone el capítulo “Paraíso cerrado” o, lo que es lo mismo, ofrece al lector información sobre Alfranca, nombre figurado, pero lugar muy real, que dice encontrarse “allá por el oeste, muy cerca del final de todas las tierras conocidas del mundo”.
“Un bestiario de Alfranca” combina una excelente literatura con las ilustraciones de Cristóbal Aguilar –de Estampa Populary Miguel Sobrino, y las fotografías de David Marcos Robles y Francisco Javier Vázquez Amigo.
Por otra parte, teniendo en cuenta que este libro pertenece a la “Serie azul” de la colección Los libros de CAMPARREDONDA, se ha creído oportuno que cada ejemplar disponga de unos pequeños detalles diferenciadores (toques artesanales), como lo son, sin duda alguna: la firma de su autor y el pegado de un sello original de correos (uno de los treinta sellos emitidos entre los años 1971 a 1977, pertenecientes a la serie “Fauna Hispánica”). En resumen: nuestro objetivo es conseguir que este pequeño libro se convierta en una gran “joya” literaria y, en cierta medida..., única.

© Gregorio Fernández Castañón
Escritor. Director de la edición. Otero de Curueño. Marzo de 2008