
LOS MIEMBROS DEL JURADO
Gregorio Fernández Castañón, Amancio González Andrés, Mauricio Peña, Fulgencio Fernández y Antolín Álvarez (Antolín)
EL ACTA DEL JURADO:

Y, AL FINAL, HUBO UNANIMIDAD
Varios candidatos y varias propuestas, pero, tras las deliberaciones oportunas, el jurado decidió, unánimemente, conceder el Premio de Reconocimiento Cultural “La Armonía de las Letras”/2010 a MANUEL FRESNO GONZÁLEZ.
EL PREMIO
UNA OBRA ORIGINAL DEL ESCULTOR “ANTOLÍN”
MANUEL FRESNO GONZÁLEZ
PREMIO DE RECONOCIMIENTO CULTURAL
“LA ARMONÍA DE LAS LETRAS”/2010
Manuel Fresno González nació en Cabreros del Río (León). Párroco de Olleros de Sabero, permanece en este valle desde hace más 30 años, por lo que conoció y vivió en primera línea los años de “las vacas gordas” (cuando una gran parte de los habitantes del valle tenía trabajo en las minas) y conoció y vivió los años de “las vacas flacas” que se iniciaron con una fecha fatídica: 31 de diciembre de 1991. Fecha en la que se cerraron las minas y sus trabajadores recibieron una indemnización, sí (entre 5 y 7 millones de pesetas), pero también promesas incumplidas: volverían a tener trabajo en las empresas que se asentarían en el valle. ¡Mentira! Mentiras políticas, como siempre. La decadencia, así, fue progresiva y los habitantes, con el tiempo, tuvieron que ingeniárselas para sacar a sus familias del lodo y de la quietud (por no decir del hambre).
Manuel Fresno González podía haber hecho como otros párrocos venerables (ver pasar los días envueltos en sus medias verdades a la sombra de los pórticos de las iglesias) o trabajar por y para el pueblo, mientras “se reza a Dios con el mazo dando”. Ni que decir tiene que este párroco modélico escogió esta última medida, removiendo “Roma con Santiago” para acercar, a su pueblo adoptivo (Olleros) y toda la Comarca, otras fórmulas con que alimentar el espíritu. Manuel Fresno González, así, “inventó” la “Semana Cultural”, la “Semana del Enfermo” o “los Foros Literarios”, y promovió, entre otras actividades, el “Vía Crucis viviente de Olleros de Sabero”. El caso era que los vecinos participaran; que el pueblo entero «ofertara cultura, aprendiera con ella y recibiera su propia recompensa». El caso era sentir el pulso de la vida en armonía, con buena vecindad, todos juntos. El caso era «acercar la cultura al pueblo que, aunque siempre ha sido depositaria de la misma, en la actualidad tiene muy pocas oportunidades para poder ver, contemplar y participar en cercanas y respetables mesas redondas, teatro, conciertos y espectáculos de calidad, reservados, casi siempre, a las ciudades y grandes poblaciones».
Manuel, como no podía ser de otra forma, recibió la indiferencia de alguno de sus superiores, pero, lejos de desanimarse, comenzó en el año 1984 con su “Semana Cultural”. El pueblo de Olleros y toda la Comarca, expectantes, acudían en aquellas fechas a la primera mesa redonda donde se trataron temas de lo más interesante: “Medicina preventiva” y “Pensiones”. Y donde los espectadores, aquellos primeros espectadores, fueron testigos de una representación teatral. El germen estaba servido. El éxito fue total. Los ánimos para continuar en esa línea parecían no tener fin.
Al año siguiente, Manuel acercó al pueblo temas como “Los Servicios Sociales” y “La Asistencia Social”, y les acercó, también, música y teatro. Año tras año la Semana Cultural se iba consolidando y echaba raíces que perduran en la actualidad. Todo el mundo recuerda las charlas sobre “La alimentación, el cuidado y la educación de los niños”; “El proyecto de la Reforma Educativa”; “La diabetes”; “La minería en el Valle de Sabero; “La adolescencia y la juventud”; “La prevención de las enfermedades cardiovasculares”; “La reconversión minera”; “La Europa comunitaria que se intenta construir”; “Los servicios sociales al hombre y a la mujer”; “Los medios de comunicación social ante la crisis minera”; “Internet en el mundo rural”; “La crisis de las vacas locas”; “La alimentación ecológica, una nueva forma de vida”; “La calidad de la enseñanza”; “Raíces históricas de la Montaña Oriental”; “25 años de la Constitución”; “El Quijote en la Montaña de León”; “Los Tesoros de la Montaña Oriental”; “Viaje por la Provincia de León”; “Museos de León” o “La Montaña Oriental, ayer, hoy y… ¿mañana?”. Y todo el mundo (el mundo rural de Olleros de Sabero y comarca) recuerda con especial cariño y agradecimiento la asistencia de grandes personajes del ámbito cultural: cineastas, conferenciantes, escritores, poetas, músicos, actores…
Por otra parte, y porque todos, en el fondo, somos creativos, cabe destacar que Manuel Fresno, aprovechando la Semana Cultural, implica al pueblo de otra manera: hasta la sala de exposiciones hace llegar los trabajos artesanales de las amas de casa, de los labradores, de los mineros, de los niños… Y allí se funden, también en perfecta armonía, los bordados, con los trabajos manuales más variados; las pinturas con las tallas de madera. «Todo –repite– con el fin de ofertar cultura, aprender con ella y recibir su propia recompensa».
Es posible que la mayor y más sincera “recompensa” a su trabajo lo recibiera Manuel Fresno el día en el que se celebraban las bodas de plata de su Semana Cultural. Es muy posible, porque allí se escucharon voces como éstas:
“Pueblo de nobles mineros (ahora exmineros), abnegadas gentes trabajadoras y luchadoras: habéis sufrido mucho, pero también progresado a causa del oro negro. Habéis perdido a vuestros seres queridos en las entrañas de la tierra, derramado vuestro sudor en interminables jornadas de oscuridad y silencio, pero, sobre todo, jamás habéis perdido la alegría y la felicidad para caminar siempre hacia delante, con ilusión, esperanza y energía.
Hace más de 30 años llegó D. Manuel a este pueblo. Han sido 30 años puesto al servicio de todos los vecinos, acercando la cultura a las zonas rurales, siempre preocupado por el progreso y el bienestar de las gentes de este valle. Ejemplo para todos nosotros de generosidad, altruismo, dedicación y gran corazón”.
Voces que reconocían a Manuel Fresno como el responsable de ofrecer al pueblo distintas oportunidades para adquirir nuevos conocimientos, además de momentos únicos para la reflexión, el debate y el ocio. Voces de agradecimiento.
El jurado de “La Armonía de las Letras” también reconocía la extensa labor cultural de este párroco que precisamente define la cultura como “el oxígeno y el aliento renovador de nuestras vidas”. Una labor callada, altruista, que a lo largo de más de 25 años ha acercado al mundo rural toda una larga muestra de excelentes actividades. El jurado, en definitiva, reconocía públicamente que Manuel Fresno González era el digno merecedor del Premio de Reconocimiento Cultural “La Armonía de las Letras”, perteneciente al año 2010.
Todo un buen ejemplo a seguir
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